Empresarios tímidos

Ser tímido es un rasgo característico de muchas personas. Todos tenemos un pasado que nos ha llenado de complejos, vergüenzas, inseguridades… Este cóctel explosivo nos lleva a ser quienes somos de adultos. Si miramos atrás en el tiempo, recordaremos en el colegio el típico chico (o chica) muy tímido, que siempre estaba solo y el chico (o chica) más popular del grupo, al que todos imitaban.

Cuando se es emprendedor, hay que dejar la timidez en el armario. Nos vamos a encontrar en muchas situaciones en las que hay que atreverse a dar un paso arriesgado:

  • Hacer un contacto en una de las tantas reuniones para realizar «networking»
  • Vender nuestro plan de negocio a un posible inversor
  • Hablar en público sobre nuestro negocio/servicio/producto
  • Buscar clientes «a puerta fría»
  • Presentar un presupuesto a un cliente
  • Y un largo etcétera

Tengo la suerte de que no me da vergüenza hablar en público. De hecho, hay algunos vídeos míos en Youtube y similares en los que doy una pequeña explicación sobre marketing en Internet. Pero sé que mucha gente no es como yo y prefiere morirse antes que hablar en público.

Para todos aquellos que estéis desando crear vuestra propia empresa y seáis tímidos, os recomiendo que hagáis algo contra vuestra timidez. Hay técnicas y cursos para superarla. Os costará más o menos, pero vuestro negocio depende de ello.

Ser empresario vs MBA

Hoy me voy a meter en un tema un tanto «pantanoso»: ¿es recomendable estudiar un MBA para ser empresario?

Cuando era estudiante, parecía que era obligatorio estudiar un MBA para ser alguien, para llegar lejos. Daba la sensación que con los estudios universitarios que hubiéramos hecho, no era suficiente. Recuerdo como una conocida me dijo que cuando acabase mi carrera, hiciese un MBA, que es lo que se necesitaba. Desde luego, no contó con mi punto de vista, mis necesidades o mis planes de futuro. Además, si estudias un MBA no vale uno cualquiera, sino que has de ir a universidades de prestigio.

No niego la utilidad de estudiarlo, pero la imagen que yo me he hecho de estos estudios es que sirven para gente que NO va a montar una empresa, sino que quieren mejorar su empleo (por cuenta ajena). Otra ventaja son los contactos que se hacen. Incluso se dice que, más que los conocimientos que se adquieren, lo más importante es a quién conocerás.

Yo tengo un enfoque sobre esta cuestión. Un MBA de una escuela de prestigio en Barcelona cuesta 57000€. En muchos casos, hay que dejar de trabajar por un año o más, lo que significa que hay que pedir un crédito por esta cantidad más el precio de la vida. Al finalizar el máster, se ha intercambiado este dinero por unos conocimientos y unos contactos profesionales.

Sin embargo, si nos lanzamos a crear nuestra empresa e invertimos este dinero en ella, podrán pasar dos cosas. Si la empresa no sale bien, habremos perdido el dinero, pero seguro que habremos aprendido un montón de cosas interesantes e importantes, además de haber conocido a mucha gente. Pero si la empresa sale adelante, no sólo habremos aprendido sobre los negocios y habremos establecido buenas relaciones profesionales, sino que recuperaremos la inversión.

¿Qué opináis?

La importancia de las ideas de negocio

He hablado ya varias veces sobre las ideas de negocio:

Ahora que miro la lista, me sorprendo de haber hablado ya tantas veces sobre este tema. Para los emprendedores noveles, es un tema recurrente y preocupante: dar con una idea genial que garantice la supervivencia de la empresa. Y, como novato que he sido, mi subconsciente lo ha plasmado en estos artículos.

Sin embargo, creo que ya no son tan novato. No soy un experto, ni mucho menos, pero me voy dando cuenta de varias cosas en el mundo empresarial. En el apartado de las ideas de negocio, voy constatando un hecho: la importancia de la idea en un negocio es muy relativa.

Muchos emprendedores se atascan buscando la idea brillante y no llegan a crear la empresa por eso. Sin embargo, ahora creo que no es alto tan importante. Hay muchas oportunidades de mercado ahí fuera que no requieren de una idea de negocio novedosa. Como he oído ya varias veces, sacar adelante una empresa es 20% inspiración (la idea), 80% transpiración (el trabajo día a día).

No os obsesionéis con la idea. No es tan importante como creéis. Trabajando duro, se puede hacer rentable casi cualquier negocio, siempre que sea razonable.

Simple y abierto

En uno de los blogs que leo habitualmente, hablaban de un término inglés que creo que es muy adecuado: simple enough and open enough. El artículo en cuestión es muy escueto, pero encierra mucha más información de la que está escrita. Vayamos por partes (como diría Jack el Destripador).

  • Suficientemente simple. Si tenemos un producto o servicio complejo, nos va a costar mucho venderlo. Esto incluye tanto a los posible inversores como a los potenciales clientes. Si vamos a hablar con un inversor y no entiende de qué va nuestro negocio, muy difícilmente nos dejará su dinero. Por su parte, un potencial cliente no nos comprará si no sabe como utilizar lo que le vendemos. Habitualmente, los productos que mejor se venden son los que son fáciles de utilizar. ¿Quién lee los libros de instrucciones?

  • Suficientemente abierto. Cuántas más opciones dejemos para que otra gente pueda modificar nuestro producto o servicio, más gente estará interesada en comprarlo. A todos nos gusta personalizar lo que tenemos. Además, así podremos crear una comunidad alrededor del producto/servicio que nos hará el marketing de forma gratuita.

Un ejemplo de fracaso de productos complejos es el sistema DRM (protección anti copia) en los reproductores de música. Para evitar las copias, hay que comprar licencias para escuchar una canción, pero debido a las limitaciones que este sistema impone, la gente no lo quiere. En consecuencia, dispositivos como el Microsoft Zune, no han tenido el éxito que esperaban.

En cambio, los teléfonos móviles, cuantas más opciones de personalización permiten (politonos, fondos de pantalla, carcasas…), más se venden.

Entiendo que esta afirmación (productos o servicios simples y abiertos) choca frontalmente con la mentalidad de muchos emprendedores, que tienen ideas muy complejas y cerradas. A ellos les diría que lo piensen detenidamente, antes de lanzarse a la aventura.

Ideas de negocio absurdas

Cuando tenemos nuestra brillante idea de negocio, creemos que es la mejor que se nos podría haber ocurrido. Si somos de los que la contamos (ya he dicho anteriormente, que esto suele ser lo mejor), esperamos que todo el mundo nos dé una palmada en la espalda y nos reconozca el mérito. En el otro extremo, siempre habrá agoreros, gente que nos dirá que qué hacemos, que esa idea de negocio es absurda.

Cuando se es emprendedor, hay que aceptar estas críticas. Estas críticas hay que escucharlas, con el objetivo de mejorar todo aquello que se nos escapa. Diez cabezas piensan mejor que una. Incluso hay gente que dice que, cuanto más te critiquen, te están corroborando el camino elegido.

Sin embargo, a veces, aparecen ideas totalmente absurdas que, desde el primer momento, las hemos descartado, pero que han tenido un éxito arrollador. No obstante, algunas de estas ideas absurdas han triunfado, y de qué manera. Voy a describir las 10 que se mencionan en el artículo referenciado:

En definitiva, como veis, hay ideas de negocio que, a priori, sin absurdas, pero que son todo un éxito. No tratéis de copiarlos, pues sólo los primeros suelen tener éxito. Eso sí, a partir de ahora, pensadlo dos veces cuando desechéis una idea por absurda. Algunas de estas ideas vale millones. ¡Ah!, y no hagáis tanto caso de aquellos que creen que estáis locos.

11 lecciones de los creadores de World of Warcraft

Hoy me voy a aventurar en hacer unos comentarios sobre una empresa en concreto. Es la primera vez que lo hago, ya que he procurado ser neutral, pero me encontré con un artículo en Inside Innovation sobre Blizzard Entertainment. Para los que no sepáis de que estoy hablando, se trata de una empresa que tiene un juego en línea multijugador (MMORPG) denominado World of Warcraft (WoW).

La mayoría de nosotros piensa en Second Life como paradigma de juegos en línea, pero parece más sólido de cara al futuro. Como muestra, un botón: World of Warcraft tiene 10 millones de usuarios y genera unos ingresos de $1.000.000.000 (mil millones de dolares) al año. Esto sin contar con otros juegos de la empresa. Está claro que es una empresa de éxito.

Según Inside Innovation, el éxito de esta empresa se basa en:

  1. Basarse en las críticas.
  2. Utilizar los productos propios.
  3. Realizar continuas mejoras.
  4. Volver a la mesa de diseño (cuando algo falle).
  5. Diseñar para diferentes tipos de cliente.
  6. La importancia de los errores frecuentes.
  7. Moverse deprisa, en pequeños incrementos.
  8. Las estadísticas refuerzan la experiencia.
  9. Demandar excelencia u obtendrás mediocridad.
  10. Crear un nuevo tipo de producto.
  11. Ofrecer a los empleados algo extra.

Son muchos puntos para entrar en detalles de cada uno y tengo alergia a los artículos demasiado largos.

Hasta aquí, todo positivo. Sin embargo, hace bien poco, tuvieron un problema que dejó a jugadores de media Europa sin poder jugar. La reclamaciones no se hicieron esperar y Blizzard se ha comprometido a compensar a los jugadores.

Todos podemos tener una mala época (a mí mismo me está pasando con un cliente en concreto), pero lo verdaderamente importante es saber gestionar estas crisis.

Recomendaciones para directores generales de nuevas empresas

En una página que no tiene nada que ver con emprendedores, me he encontrado con que el director genera de una empresa explica su experiencia personal. Se trata de Rand Fishkin, director general de SEOmoz. Con menos de 30 años, ha fundado una empresa que se ha convertido en un referente mundial en su nicho.

El artículo en cuestión es muy largo. Podéis verlo enteró en inglés aquí. Prefiero ir haciendo partes y publicarlas por separado. Él mismo lo separa en cuatro bloques de recomendaciones.

A continuación comento los detalles que a Rand Fishkin le han sido útiles para convertirse en un mejor director general:

  • Un apetito voraz por el conocimiento. Hay que estar al día de todo lo relacionado con nuestro negocio y prever las tendencias del sector.

  • Una adicción a la multitarea. Él mismo reconoce que no es lo más eficiente, pero cuando hay varios clientes y proyectos en marcha, a veces no queda más remedio. De esto puedo dar fe yo mismo y seguro que la mayoría de los que me leéis.

  • Ver la parte positiva de todo el mundo.

  • Interesarse de algo más que el dinero. Estoy muy de acuerdo. Una empresa no es sólo para hacerse rico, sino para otras muchas cosas más. Por ejemplo, la calidad en el producto o servicio es muy importante.

  • Habilidad para comunicarse en múltiples medios. Hablar por teléfono, escribir un correo electrónico, redactar un artículo para un blog, hablar en público…

  • Usabilidad. Para todos aquellos que estéis en el mundo de la tecnología, hay que pensar en el usuario final que va a utilizar vuestro producto o servicio.

Elección de los precios

Cuando vamos a comprar un producto a una tienda, en muchos países el precio es fijo. El comercio minorista no suele aceptar el regateo en estos casos. En otros muchos países, sí que se regatea. Es más, en según que culturas, si no regateas, el comerciante se siente incómodo. En el otro extremo, en las grandes transacciones comerciales, se negocia hasta las comas del contrato. No se puede decir que es regateo, pero sí que habrá modificaciones del precio por petición del cliente.

A la hora de convertirnos en emprendedores, nos toca a nosotros decidir qué precio ponemos. No es una tarea fácil y existen diversos métodos para fijarlo. Comentaré algunos:

  • Coste fijo + coste variable + margen comercial. Yo decido lo que quiero ganar y, en función de esto, fijo el precio.
  • Lo que el cliente esté dispuesto a pagar. Podemos hacer una encuesta y preguntar por lo que les parecería justo.
  • Un precio elevado, para dar crear una percepción de calidad. Si vendo algo muy caro, es que la calidad que hay detrás lo vale. Venderé menos cantidad de productos/servicios, pero el margen comercial será muy elevado.
  • Precio por debajo de mercado, también llamado dumping. Es ilegal en muchos países, pero se utiliza con mucha frecuencia para destruir a la competencia.
  • Precio gancho. Mi producto/servicios más solicitado lo vendo por debajo de precio de coste; sin embargo, este producto o servicio suele llevar asociado otros, con los que sí que gano dinero. Al final, la suma me genera beneficios.
  • Precio por hora. Si vendemos nuestro tiempo, podemos fijar un precio por hora y estimar el número de horas que le vamos a dedicar.
  • Precio por uso. No se cobra una cantidad fija, sino en función del uso que se le haga a nuestro producto o servicio.

Seguro que hay muchos más. Pero los que estéis ahora devanándoos los sesos en este tema, os servirá como punto de partida. Huelga decir que esta lista no es excluyente, es decir, que se pueden combinar las técnicas.

¿Tenéis alguna otra fórmula que os haya servido? Dejadla en los comentarios.

Éxito vs. Felicidad

Ha pasado la Semana Santa y nos volvemos a encontrar otra vez todos en el trabajo, con nuestras empresas, proyectos e ilusiones. Una pregunta que nos solemos hacer en estos días de descanso, en los que tan bien hemos estado alejados del trabajo es si vale la pena. Muchos pensamos que cuando la empresa sea un éxito y nos hayamos convertido en millonarios, dejaremos de trabajar.

No es una pregunta baladí y es algo que un emprendedor se tiene que plantear. ¿Qué quiere hacer con su vida? ¿Cuál es su objetivo? ¿Quiere ganar mucho dinero o sentirse realizado? Puede que la realización sea obtener mucho dinero, pero en demasiados casos, esto se consigue a costa de la felicidad.

En un libro que leí hace un tiempo, el autor comentaba que las empresas son el reflejo del emprendedor. Si un emprendedor cree que hay que luchar a brazo partido para sacarla adelante, entonces su empresa será una lucha diaria. Puede que se llegue así al éxito, pero seguro que es a costa de muchos disgustos y sin llegar a la felicidad anhelada.

En definitiva, ¿para qué queréis la empresa: para tener éxito social o para cumplir vuestras necesidades vitales? Pensadlo dos o más veces si lo que queréis es tener éxito a toda costa.

El código Armani

Como decía en mi último artículo, a veces es interesante aprender de otras personas para ver qué han hecho para llegar al éxito. Aquí me gustaría hacer una pequeña reflexión-comentario: tener éxito no implica ser feliz. Hay que tener mucho cuidado con lo que estamos dispuestos a sacrificar para tener éxito, no sea que también se lleve nuestra felicidad.

Hace un tiempo me encontré con una entrevista a Giorgio Armani en TimesOnline. En ella, el Sr. Armani desgrana las 21 reglas que, según él, hay que cumplir para tener estilo, autoestima y éxito. Por supuesto, están muy orientadas al mundo de la moda. Sin embargo, creo que algunas se pueden adaptar al mundo empresarial. Veamos las que a mí me parecen más interesantes.

  • Unos zapatos baratos no son baratos. El hecho de querer economizar al máximo en nuestra empresa, puede ser perjudicial. Es conveniente invertir adecuadamente en los aspectos necesarios. La empresa se sustentará en dichas inversiones en el futuro. Hay que saber gastar sabiamente en aquellos elementos básicos.

  • El equilibrio entre trabajo y vida personal es la clave de la felicidad. No creo que haya que añadir mucho más.

  • No siempre se puede conseguir lo que queremos. Detectar las metas que no podremos conseguir puede ayudarnos a concentrarnos en otros aspectos de la empresa que sí que podemos lograr. Así, tendremos éxito en aquello que realmente podemos conseguir.

  • Tienes más potencial del que crees. Es habitual en nuestra sociedad minusvalorarnos. Hay que darle la vuelta a la tortilla y creer en nosotros mismos. Al ser el dueño de una empresa, no hay jefes para subirnos la moral y hacernos ver que somos capaces de hacerlo. Dependemos enteramente de nuestra habilidad.

  • Hay que tener coraje para seguir tus convicciones. A muchos empresarios, cuando empezaron, no les faltaron agoreros que les aseguraban de su fracaso. Sin embargo, siguieron con su idea y les fue bien. Si estáis convencidos de algo, id a por ello, no dudéis de vosotros mismos.

¿Qué os ha parecido? ¿Añadiríais alguna más a este extracto de las 21 reglas?