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Fuentes de financiación: bancos

Este artículo no se puede considerar una continuación lógica de los artículos anteriores sobre financiación, sino que corre en paralelo. Cuando estamos en el proceso de crear una empresa, pocas veces contamos con los bancos como fuente de financiación. Sin embargo, no tenemos que olvidar que suelen ser los organismos con más dinero para gastar.

Entiendo los recelos y desconfianzas que despiertan los bancos. Es conocida la expresión de que los bancos te dan el paraguas cuando no llueve y cuando llueve te lo quitan. En otras palabras, sólo dejan dinero a quien ya lo tiene. No quieren asumir ningún tipo de riesgo. De todas formas, también quiero romper una lanza a su favor y es que hay que tener en cuenta que la quiebra de un banco es perjudicial para la sociedad en general, pues ahuyenta a los inversores. En cualquier caso, estoy de acuerdo en que los bancos deberían ser más flexibles a la hora de conceder créditos.

En el caso de los empresarios, puede ser una fuente de financiación adicional. Como decía al principio, se puede acudir a ellos en cualquier momento. Es decir, no ocurre como con las subvenciones, que normalmente hay que acudir en una fase muy concreta de la empresa. Al menos en España, existen un sinfín de bancos y de ofertas, con lo que la comparación y la negociación se vuelven fundamentales. El punto que yo creo más delicado son con los avales y garantías que nos van a pedir. No soy en experto en este punto, así que no puedo dar más consejos.

La principal contrapartida es que el crédito hay que devolverlo según hayamos estipulado en el contrato. El banco no espera, a diferencia de nuestros padres y del Estado. Tenemos que tener asegurado el líquido suficiente mes a mes para poder pagar la cuota que corresponda.

¿Alguno de vosotros tiene experiencia en negociar créditos para empresas con bancos?

 

Saber rectificar o parar a tiempo

En la vida de un emprendedor, el peor momento como tal suele ser cuando ha de tomar la amarga decisión de hacer cambios drásticos en su empresa, desde reorientar la empresa, pasando por deshacerse de los socios, hasta finalizar las actividades. Deseo que esto no os pase a ninguno de vosotros o que si os pasa, sea por una razón positiva. Sin embargo, hay que estar preparado para esta eventualidad.

Hace un tiempo leí un artículo al respecto en Iniciador, titulado la necesidad de parar o rectificar. Allí se explica que el principal problema para darse cuenta de que hay que cambiar radica en que el empresario está totalmente convencido de su proyecto y transmite este convencimiento al resto del equipo. De esta manera, nadie se da cuenta de que se está yendo por el mal camino. La solución que proponen es instaurar sistemas de control y tener algún escéptico en el entorno.

Como se suele decir en el terreno militar, una retirada a tiempo puede convertirse en una victoria. Pongamos, por ejemplo, que hayamos invertido 30000€. Tras haber gastado 20000€, vemos que las cosas no marchan tal y como habíamos pensado. Tenemos dos opciones: o bien esperamos que antes de que se nos agoten los 10000€ restantes las cosas cambien, o bien cerramos la empresa y salvamos estos 10000€. No digo que haya que tomar una u otra decisión, pero que hay que tenerlas en cuenta ambas.

Para complementar el artículo antes mencionado, querría explicar el enfoque que yo le he dado. Hay que tener dos cálculos previamente hechos en el plan financiero: el número de clientes que necesitamos para cubrir gastos (o la facturación asociada) y cuánto tiempo podemos sobrevivir sin generar ingresos. Esto nos ayudará a ponernos unos plazos flexibles del tiempo que tenemos que esperar para tomar decisiones.

Si vemos que no hemos conseguido ningún cliente o un número insuficiente en el plazo que nos hemos propuesto, es evidente que el camino no es el correcto. Como en todos los aspectos de la vida, no hay una línea divisoria claramente marcada, sino que hay una zona gris. ¿Qué hacer si al cabo del tiempo estipulado, ya tenemos bastantes clientes, pero no los suficientes? Ya hay ingresos, con lo que los gastos quedan parcialmente cubiertos. Sin embargo, estoy seguro que en estos casos, el sentido común puede ayudarnos mucho. ¿Con el ritmo actual de nuevos clientes, conseguiremos tener beneficios antes de que se agoten las reservas?

¿Tenéis alguna propuesta más al respecto? Si habéis cerrado alguna empresa, ¿en qué os basasteis?

 

Pagos y cobros a 30, 60, 90… días

Una de esas píldoras amargas que hay que tragarse cuando empiezas una empresa pequeña es a acostumbrarse a cobrar mucho más tarde de haber enviado la factura. En otras palabras, envías una factura, se recibe, se procesa y se pone a dormir durante uno, dos, tres… meses. Yo ya sabía que esta práctica existía, pero hasta que no la vives en carnes propias, no la acabas de entender.

Esto es muy importante a la hora de elaborar el plan financiero. En la herramienta para este plan que ofrecen en Barcelona Activa ya se tiene en cuenta. El principal problema que se presenta con esta práctica está en la tesorería: tenemos que tener suficiente “colchón financiero” para aguantar unos meses sin cobrar, pero con el mismo ritmo de gastos.

Un día estaba hablando con una amiga, directora financiera de una empresa y ella me lo explicaba de una forma muy simple. Ya que sus clientes pagaban más tarde, trasladaban este retraso a los proveedores. Todo se traduce en poder de negociación: a medida que una empresa crece, va imponiendo estas condiciones a sus proveedores, intentando que sus clientes paguen antes.

Desde mi punto de vista, se trata de una forma que tienen las grandes empresas de aprovecharse de su situación dominante. Disfrutan de un producto o servicio durante unos meses, antes de pagarlo. Mientras tanto, esa cantidad de dinero descansa cómodamente en la cuenta bancaria de esta empresa, generando intereses. Visto desde otro punto de vista, los pequeños proveedores financian a las grandes empresas.

La administración pública es el caso más extremo. Pagos al cabo de seis meses (¡medio año!) no son nada raros. Esto supone un quebradero de cabeza todavía mayor para los pequeños empresarios, ya que suelen invertir grandes sumas en un proyecto y no recuperan el dinero hasta mucho más tarde. La solución a este caso, si sabemos que la tesorería no va a aguantarlo, es pedir un préstamo bancario, con el aval del proyecto adjudicado. Como este crédito tendrá un interés, hay que incluirlo dentro de los gastos del proyecto.

Para acabar, me gustaría dar mi punto de vista al respecto. Considero que esta práctica, aunque legal, no tiene ninguna ética. Lo considero una medida de fuerza que utilizan las grandes empresas para afirmar su autoridad frente a las pequeñas. Puede que la palabra extorsión sea un poco exagerada, pero no se me ocurre una mejor. Un retraso de 30 días es más que suficiente para poderlo procesar. Creo que las leyes deberían limitar este retraso a esta cantidad, pasando a ser ilegal cualquier cifra superior.

 

Experiencias de otras empresas

Conozco de cerca dos empresas que han vivido su proceso de creación recientemente y hoy voy a explicar, a grandes rasgos, su proceso. Dado que no tengo permiso expreso para publicar sus nombres, omitiré todos los detalles que puedan dar pistas de las mismas. Sí que me gustaría decir que sus ejemplos son los que me han animado a crear la mía, ya que he visto como en ambos casos han conseguido llegar al punto de equilibrio y tener un futuro prometedor.

  • Forma jurídica. Una de ellas eligió ser Sociedad Anónima, mientras que la otra Sociedad Laboral. Esta última, tenía poderosos motivos para ello y creo que fue la mejor opción.

  • Producto. Ambas apostaron por un sector, el tecnológico, que ofrece muchas posibilidades si se elige bien el producto. Hay que tener en cuenta que el desarrollo de un producto, al contrario de un servicio, requiere un gran esfuerzo inicial, en el que no hay ingresos. Se estima que el período máximo de desarrollo debería ser en torno a los 8 meses. Eso sí, una vez acabado, se puede vender tantas veces como se pueda, con un esfuerzo marginal.

  • Capital inicial. La Sociedad Anónima es obvio: un mínimo de 60000€ en bienes y/o efectivo, desembolsado por los socios fundadores. Sin embargo, la otra empresa podía disponer del subsidio del desempleo de sus fundadores, con lo que no necesitaron apenas hacer aportaciones dinerarias personales. Es por eso que esta opción es muy recomendable para aquellos trabajadores que acaban de ser despedidos de una empresa.

  • Subvenciones. Otra vez, las dos empresas acudieron a los mismos estamentos, obteniendo de ellos cantidades razonables de dinero que les permitieron continuar. No olvidemos que una subvención no es la solución a todos los problemas financieros, pero sí una ayuda valiosa.

  • Capital externo. Al menos una de estas empresas ha conseguido atraer capital riesgo.

  • Expectativas iniciales. En ambos casos, hablando con los responsables, pude comprobar que no se cumplieron las expectativas iniciales. Tendemos a ser optimistas con lo que vamos a conseguir y el mercado suele ser muy lento.

Hace ya unos años que empezaron y todavía siguen en funcionamiento, que ya es todo un logro. Como decía, ambas tienen buenas proyecciones de futuro: han ampliado su base de clientes, se han mudado a oficinas más amplias, han aumentado plantilla, están creando nuevos productos, etc.

Con todo esto, ¿qué quiero decir? Pues quería poner un par de ejemplos de start-ups que, a pesar de todos los problemas con los que se hayan podido encontrar, han salido adelante. Así que, si os estáis planteando crear vuestra empresa y tenéis dudas, pensad en estos dos ejemplos.

 

Fuentes de financiación: subvenciones

Hasta ahora, hemos recurrido a nuestros recursos propios y a nuestro entorno para conseguir dinero para nuestra empresa. Sin embargo, llegado un momento, es habitual que hayamos agotado todas las fuentes de financiación “amigables”. Si todavía necesitamos más dinero, es en este momento cuando hay que tomar la decisión de buscar fuera de nuestro entorno.

Una posible fuente de financiación son las instituciones públicas. Es habitual que deseen potenciar la creación de empresas, ya que supone crear riqueza para la comunidad (incremento del PIB) y ayudar al descenso del desempleo.

Os recomiendo hablar con todas las instituciones bajo cuya administración estéis: ayuntamientos, gobiernos regionales, gobiernos centrales, etc. Para ello hay que tener un plan de empresa muy bien elaborado y estar dispuesto a pasar mucho tiempo entre los políticos. También hay que recalcar que hasta en este aspecto hay modas, pues hay sectores más privilegiados que otros. Por ejemplo, actualmente la biotecnología está en boga, mientras que los proyectos de Internet están en cuarentena.

Nunca presupuestéis en vuestro plan financiero las subvenciones que esperáis recibir. En el caso de recibirlas, siempre llegan tarde y mal. No hay que olvidar que la administración paga con varios meses de retraso. En otras palabras, pensad que es un ingreso extra inesperado y siempre bien recibido. Bueno, también he oído comentar que el esfuerzo no siempre vale la pena, aunque esto lo tendréis que evaluar vosotros.

En cuanto a Cataluña, que es el entorno que mejor conozco, podéis acudir a estos estamentos:

  • CIDEM. El Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial es un organismo del Departamento de Innovación, Universidades y Empresa de la Generalitat de Cataluña. Su misión es impulsar el tejido empresarial catalán y potenciar su competitividad ante los retos que deba afrontar.

  • CDTI. El Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial es una Entidad Pública Empresarial, dependiente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, que promueve la innovación y el desarrollo tecnológico de las empresas españolas.

Conozco dos empresas que han conseguido financiación de ambas instituciones, así que os animo a investigar y, si creéis que vais a tener éxito, probad suerte.

¿Qué más organismos conocéis que ofrezcan subvenciones públicas para financiar empresas?

 

El horario laboral

Tanto si tenemos como si no tenemos empleados, el tema del horario laboral se ha de tener en cuenta a la hora de organizarnos. Es habitual que los socios tengan jornadas maratonianas, trabajando más de 10 horas diarias y fines de semana. Sin embargo, no hay que dejar la vida personal de lado, aunque esto ya lo explicaré en un artículo futuro.

Si no tenemos empleados, la tendencia suele ser al caos. Como no hay un “jefe” que nos vigile (somos nosotros mismos), solemos hacer el horario que nos gusta. Hay personas que prefieren madrugar, trabajar intensamente y tener unas cuantas horas de ocio por la tarde. Otras, por el contrario, son más bien noctámbulas y prefieren trabajar hasta altas horas de la madrugada. Yo, personalmente, soy más bien clásico e intento seguir la misma jornada laboral que he hecho siempre: de 9:00 a 13:30 y de 15:00 a 20:00.

No creo que ninguna sea mejor que la otra, pero sí que es importante ser constante con nuestro horario. Es decir, fijarnos uno y ser estricto con él. Un detalle que no hay que olvidar son los clientes: tenemos que estar localizables, con lo que si dormimos hasta el mediodía, perderemos todas las llamadas de la mañana.

El problema se suele plantear cuando se contratan empleados, ya que estos suelen demandar un horario estricto. Muchos empresarios esperan que sus empleados hagan su mismo horario. Recuerdo una entrevista de trabajo a la que fui al acabar mis estudios en la que nos afirmaban que nuestro horario por contrato eran 8 horas al día, pero que se esperaba de nosotros más horas.

En este aspecto yo soy firme defensor de la flexibilidad y el trabajo a distancia. Un empleado que pueda organizarse el día suele trabajar más a gusto y ofrece más rendimiento que uno que “esté atado a la pata de la mesa”. Además, hay muchos trabajos que se pueden hacer desde casa, lo que le permitirá compaginar mejor su jornada laboral con sus obligaciones personales, especialmente si es mujer con hijos.

Muchos empresarios recelan de que los empleados que están en casa no trabajarán igual. Sin embargo, recientemente leí un estudio que demostraban que las personas con este tipo de flexibilidad acaban trabajando más horas. Además, recordemos que un empleado contento, rendirá más que uno descontento.

 

Ser un buen jefe

Hace unos días leí un artículo que me llamó bastante la atención. Cada día leo muchos artículos de diferentes blogs, pero pocos logran atraerme. Pero este lo hizo, ya que en alguna vez me he sentido identificado. El artículo en cuestión se titula Los diez comportamientos de los jefes que más irritan a los trabajadores. En él hablan de un estudio realizado por el Centro de Estudios Financieros (CEF) y ofrecen un ranking sobre los peores comportamientos.

Destaca en primer lugar “No comunica con claridad los objetivos (46%)”. La reflexión es más que obvia: ¿cómo queremos conseguir llevar nuestra empresa a buen puerto si nuestros empleados no nos han entendido? Creo que este punto es de máxima gravedad, ya que en casi la mitad de los casos, se da. Otro que me parece interesante es “No lidera, sino que manda (32%)”. Muchos jefes se creen que están en el ejército y funcionan mediante la máxima de “ordeno y mando”.

Casi todos los que ahora nos hemos puesto la gorra de empresario, hemos tenido en un pasado no muy lejano la gorra de empleado y hemos sufrido la incompetencia de malos jefes. De hecho, yo creo que esta puede ser una buena fuente de ideas: ver lo mal que se hacen las cosas en una empresa que genera beneficios y crear una empresa en la que haremos las cosas mejor. También hemos tenido buenos jefes, de los que se ha de aprender.

Lo que quiero decir es que hemos de pensar en nuestra etapa como empleado y recordar todo aquello que no nos gustaba de nuestros jefes. Huelga decir que nos hemos de comprometer con nosotros mismos a no repetir los mismos errores, sino a ser buenos jefes. No olvidemos que en una empresa recién creada, todos han de tirar del carro en el mismo sentido y con entusiasmo. En cambio, tenemos que imitar todo lo bueno de los jefes que nos marcaron positivamente.

 

Fuentes de financiación: family, friends & fools

Una vez hemos reunido todo el capital que podemos aportar a partir de nuestros recursos propios, hay que empezar a buscar fuera de uno mismo. Además, es muy recomendable empezar desde lo más cercano a lo más lejano. Por tanto, el primer paso es buscar entre la gente más allegada a nosotros: nuestros familia y nuestros amigos. Si quisiéramos ser políticamente correctos, ahí nos quedaríamos y hablaríamos de family & friends. La tercera F se refiere a aquellas personas a las que hemos “engañado” para que nos dejen su dinero, de ahí que no siempre oigáis esta tercera F.

La primera vez que oí esta expresión (dos o tres F), me hizo bastante gracia, ya que no es una expresión muy seria para definir un concepto serio. Pero tiene mucho sentido. Si tenemos buenas relaciones con nuestra familia y amigos, es fácil conseguir que nos dejen un poco de su dinero para empezar nuestra empresa. Es recomendable no pedir este capital desde el primer momento, sino cuando ya tengamos la compañía mínimamente montada y hayamos agotado el capital inicial. De esta forma, verán que nos hemos puesto realmente en serio y que hay perspectivas de obtener beneficios.

Otro interés de esta fuente de financiación es que no nos van a pedir poder ni intereses, sino que se conformarán con tener una participación minoritaria en la empresa o que les devolvamos el dinero en cuanto podamos. De todas formas, hay que ser muy cuidadoso, pensando en lo que podría pasar si la empresa fracasa. Estamos empezando a jugar con pertenencias que no son nuestras. Muchas amistades y relaciones familiares se han roto por esta razón.

Una ventaja más es que podemos acudir a bastantes personas, entre los diferentes socios. Con ello, reducimos los riesgos, tanto nuestros como de nuestra familia o amigos, ya que con poca cantidad que pongan cada uno de ellos, podemos conseguir un montante razonable. Recuerdo que hace tiempo que el marido de una amiga mía me decía que tenía 50000€ para invertir y no sabía qué hacer con ellos.

Otra posibilidad, es que nos presten o regalen bienes inmovilizados; por ejemplo, un local, un ordenador, un vehículo… En España, en una SA, estos bienes incluso se pueden incluir como aportación al capital social. De esta forma, aunque alguien de nuestro círculo más cercano no disponga de líquido suficiente, pero sí de bienes que nos puedan ser útiles, nos podrá ayudar.

 

Proceso de constitución: libros de comercio

Ya nos estamos acercando al final del proceso de constitución. Como ya dije en su día, hay demasiadas dificultades para crear empresas. Tras todos los pasos dados hasta ahora, la empresa no está 100% constituida y todavía queda un paso más. Es evidente que los legisladores no han creado una empresa en su vida.

Como ya expliqué en el artículo sobre el libro de visitas, en la misma papelería donde lo compramos, podemos comprar los otros dos libros que son necesarios en una SL:

  • Libro de actas. Aquí se escribirán las actas de las juntas generales de socios que han de realizarse anualmente. Es muy recomendable que se pueda utilizar en impresora, es decir, que las hojas no estén encoladas, sino taladradas. A mí me costó 15,95€ + IVA.

  • Libro de socios. Detalla la relación de socios de la empresa. Normalmente, es un libro normal, con las hojas encoladas en el lomo. No es tan problemático, pues normalmente hay pocos socios y estos apenas cambian. Se escribe a mano. El mío tuvo un precio de 12,69€ + IVA.

Esos libros hay que llevarlos al Registro Mercantil, para ser legalizados. Este paso ha de hacerse una vez las escrituras estén inscritas, ya que nos pedirán los datos de inscripción. El coste es de 16,83€ + IVA, más el formulario que hay que rellenar (0,30€). Dos semanas más tarde, tendremos por fin nuestros libros legalizados.

En mi caso, lo que me encontré fue que habían practicado unos cortes a los libros y les habían añadido una pegatina impresa. Me pregunto cual es la necesidad de pagar tanto dinero y esperar tanto tiempo para esto.

 

La elección del banco

Hace ya meses que elegí el banco, pero hasta hoy no se me había ocurrido escribir mi experiencia al respecto. Ha sido mientras estaba yendo de un banco a otro, hasta un total de tres, para diferentes temas.

Cuando elegimos un banco para nuestras cuentas personales, nos solemos fijar mucho en aspectos como el trato personal, que esté cerca de casa, cantidad de oficinas si conocemos a alguien que trabaja allí, el interés que nos dan por nuestros ahorros, etc. Es habitual que las comisiones que nos cobran no sean un factor determinante, aunque tienen su influencia.

Sin embargo, a la hora de elegir un banco para nuestra empresa, los criterios para elegir la entidad bancaria cambian totalmente. Detalles como el interés que nos ofrecen o la situación de la oficina, son totalmente secundarios. A continuación menciono los aspectos que considero importantes a la hora de elegir:

  • Coste. Sobre todo cuando empezamos, queremos el banco más barato posible. Tampoco hay que obsesionarse, pues un banco muy barato, puede ofrecer un servicio pésimo.

  • Web. En el mundo actual, un banco que no permita operar por Internet es un banco que no nos interesa. Teniendo en cuenta que si elegimos un banco con pocas oficinas, querremos hacer la mayoría de nuestras operaciones a través de la web. En este aspecto, la nueva generación de banca on-line tiene su atractivo.

  • Profesionalidad. Hay que exigir el mejor servicio, pues allí vamos a tener todo el dinero de la empresa.

En el momento que os planteéis las diferentes opciones, no os de vergüenza ir de banco en banco, pidiendo qué os pueden ofrecer. Haced todas las preguntas que necesitéis y negociad todo lo que podáis.

¿Añadiríais algún parámetro más o alguna recomendación?