Simple y abierto

En uno de los blogs que leo habitualmente, hablaban de un término inglés que creo que es muy adecuado: simple enough and open enough. El artículo en cuestión es muy escueto, pero encierra mucha más información de la que está escrita. Vayamos por partes (como diría Jack el Destripador).

  • Suficientemente simple. Si tenemos un producto o servicio complejo, nos va a costar mucho venderlo. Esto incluye tanto a los posible inversores como a los potenciales clientes. Si vamos a hablar con un inversor y no entiende de qué va nuestro negocio, muy difícilmente nos dejará su dinero. Por su parte, un potencial cliente no nos comprará si no sabe como utilizar lo que le vendemos. Habitualmente, los productos que mejor se venden son los que son fáciles de utilizar. ¿Quién lee los libros de instrucciones?

  • Suficientemente abierto. Cuántas más opciones dejemos para que otra gente pueda modificar nuestro producto o servicio, más gente estará interesada en comprarlo. A todos nos gusta personalizar lo que tenemos. Además, así podremos crear una comunidad alrededor del producto/servicio que nos hará el marketing de forma gratuita.

Un ejemplo de fracaso de productos complejos es el sistema DRM (protección anti copia) en los reproductores de música. Para evitar las copias, hay que comprar licencias para escuchar una canción, pero debido a las limitaciones que este sistema impone, la gente no lo quiere. En consecuencia, dispositivos como el Microsoft Zune, no han tenido el éxito que esperaban.

En cambio, los teléfonos móviles, cuantas más opciones de personalización permiten (politonos, fondos de pantalla, carcasas…), más se venden.

Entiendo que esta afirmación (productos o servicios simples y abiertos) choca frontalmente con la mentalidad de muchos emprendedores, que tienen ideas muy complejas y cerradas. A ellos les diría que lo piensen detenidamente, antes de lanzarse a la aventura.

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