Archivo de Junio de 2008

Ser empresario vs MBA

Hoy me voy a meter en un tema un tanto “pantanoso”: ¿es recomendable estudiar un MBA para ser empresario?

Cuando era estudiante, parecía que era obligatorio estudiar un MBA para ser alguien, para llegar lejos. Daba la sensación que con los estudios universitarios que hubiéramos hecho, no era suficiente. Recuerdo como una conocida me dijo que cuando acabase mi carrera, hiciese un MBA, que es lo que se necesitaba. Desde luego, no contó con mi punto de vista, mis necesidades o mis planes de futuro. Además, si estudias un MBA no vale uno cualquiera, sino que has de ir a universidades de prestigio.

No niego la utilidad de estudiarlo, pero la imagen que yo me he hecho de estos estudios es que sirven para gente que NO va a montar una empresa, sino que quieren mejorar su empleo (por cuenta ajena). Otra ventaja son los contactos que se hacen. Incluso se dice que, más que los conocimientos que se adquieren, lo más importante es a quién conocerás.

Yo tengo un enfoque sobre esta cuestión. Un MBA de una escuela de prestigio en Barcelona cuesta 57000€. En muchos casos, hay que dejar de trabajar por un año o más, lo que significa que hay que pedir un crédito por esta cantidad más el precio de la vida. Al finalizar el máster, se ha intercambiado este dinero por unos conocimientos y unos contactos profesionales.

Sin embargo, si nos lanzamos a crear nuestra empresa e invertimos este dinero en ella, podrán pasar dos cosas. Si la empresa no sale bien, habremos perdido el dinero, pero seguro que habremos aprendido un montón de cosas interesantes e importantes, además de haber conocido a mucha gente. Pero si la empresa sale adelante, no sólo habremos aprendido sobre los negocios y habremos establecido buenas relaciones profesionales, sino que recuperaremos la inversión.

¿Qué opináis?

 

La importancia de las ideas de negocio

He hablado ya varias veces sobre las ideas de negocio:

Ahora que miro la lista, me sorprendo de haber hablado ya tantas veces sobre este tema. Para los emprendedores noveles, es un tema recurrente y preocupante: dar con una idea genial que garantice la supervivencia de la empresa. Y, como novato que he sido, mi subconsciente lo ha plasmado en estos artículos.

Sin embargo, creo que ya no son tan novato. No soy un experto, ni mucho menos, pero me voy dando cuenta de varias cosas en el mundo empresarial. En el apartado de las ideas de negocio, voy constatando un hecho: la importancia de la idea en un negocio es muy relativa.

Muchos emprendedores se atascan buscando la idea brillante y no llegan a crear la empresa por eso. Sin embargo, ahora creo que no es alto tan importante. Hay muchas oportunidades de mercado ahí fuera que no requieren de una idea de negocio novedosa. Como he oído ya varias veces, sacar adelante una empresa es 20% inspiración (la idea), 80% transpiración (el trabajo día a día).

No os obsesionéis con la idea. No es tan importante como creéis. Trabajando duro, se puede hacer rentable casi cualquier negocio, siempre que sea razonable.

 

Simple y abierto

En uno de los blogs que leo habitualmente, hablaban de un término inglés que creo que es muy adecuado: simple enough and open enough. El artículo en cuestión es muy escueto, pero encierra mucha más información de la que está escrita. Vayamos por partes (como diría Jack el Destripador).

  • Suficientemente simple. Si tenemos un producto o servicio complejo, nos va a costar mucho venderlo. Esto incluye tanto a los posible inversores como a los potenciales clientes. Si vamos a hablar con un inversor y no entiende de qué va nuestro negocio, muy difícilmente nos dejará su dinero. Por su parte, un potencial cliente no nos comprará si no sabe como utilizar lo que le vendemos. Habitualmente, los productos que mejor se venden son los que son fáciles de utilizar. ¿Quién lee los libros de instrucciones?

  • Suficientemente abierto. Cuántas más opciones dejemos para que otra gente pueda modificar nuestro producto o servicio, más gente estará interesada en comprarlo. A todos nos gusta personalizar lo que tenemos. Además, así podremos crear una comunidad alrededor del producto/servicio que nos hará el marketing de forma gratuita.

Un ejemplo de fracaso de productos complejos es el sistema DRM (protección anti copia) en los reproductores de música. Para evitar las copias, hay que comprar licencias para escuchar una canción, pero debido a las limitaciones que este sistema impone, la gente no lo quiere. En consecuencia, dispositivos como el Microsoft Zune, no han tenido el éxito que esperaban.

En cambio, los teléfonos móviles, cuantas más opciones de personalización permiten (politonos, fondos de pantalla, carcasas…), más se venden.

Entiendo que esta afirmación (productos o servicios simples y abiertos) choca frontalmente con la mentalidad de muchos emprendedores, que tienen ideas muy complejas y cerradas. A ellos les diría que lo piensen detenidamente, antes de lanzarse a la aventura.

 

¿Emprendedores arrogantes?

Hace un tiempo leía un artículo sobre la arrogancia del emprendedor. Me lo guardé para otro momento en el que pudiese hablar sobre el mismo, pues es un cualidad que siempre he detestado. No puedo soportar a la gente que va de arrogante por la vida. No es que me considere una persona humilde, pero de ahí a ser arrogante…

La cuestión es que el artículo en cuestión pone el dedo en la llaga sobre algunos temas que nos puede parece arrogantes (extraigo algunos puntos del artículo mencionado):

  • Un emprendedor es alguien que está más solo que la una en muchas (demasiadas) ocasiones.
  • Un emprendedor es un trapecista sin red.
  • Un emprendedor tiene que defender su idea aunque a veces tenga dudas.
  • Un emprendedor es alguien que considera que la Conciliación Personal/Laboral es como Los Reyes Magos, algo que todo el mundo conoce pero nadie ha visto. Al final te das cuenta de que también son los padres (a quién dejas a tus hijos para hacer tu trabajo).

Me ha gustado especialmente esta última afirmación. Los gobiernos se llenan la boca de palabras bonitas, pero al final, sólo hablan para sus empleados: los funcionarios.

Sin embargo, yo creo que está el punto contrario a la arrogancia. El emprendedor ha de ser tremendamente humilde:

  • Ha de “bajarse los pantalones” para conseguir clientes, especialmente el primero.
  • Ha de cumplir con las exigencias que le imponen los inversores externos.
  • Necesita ganarse la confianza de su pareja (me entenderéis los que hayáis leído El libro negro del emprendedor, cuando habla sobre no tener en NIF en la cama de matrimonio) y todos sabemos que la única forma de conseguirlo, es con humildad.
  • Hacienda y su largo brazo nos hacen “pasar siempre por el aro”.

¿Vosotros qué creéis, que el emprendedor es arrogante o humilde?