Archivo de 23 de Julio de 2007

Los peores trabajos de la historia

Hoy me he permitido la licencia de darle uno toque de humor a este blog, algo harto difícil en un tema como es el de los negocios, al que asimilamos con hombres de negro con americana y corbata. Me he acordado de un correo que me envió mi amigo Cronopio hace ya bastante tiempo. Se trataba de una lista con los peores trabajos de la historia. El original está en inglés: The Worst Jobs in History, clasificados por épocas inglesas. También he encontrado alguna reseña en castellano: Los peores trabajos del mundo (y los mejores).

Aunque ya he hablado de las razones para no ser empleado, si todavía elegís serlo, no os olvidéis de mirar estas listas para que veáis que, a pesar de todo, sois afortunados con el trabajo que tenéis. Seguro que ninguno es tan malo como los que salen en la lista original.

Os comento los que me han llamado más la atención:

  • Minero de oro en la época romana. Traduzco la descripción de Diodorus

El aire era fétido, agotado constantemente por las minúsculas velas que apenas iluminaban la oscuridad. El calor era intenso, la tierra cedía con frecuencia, el cuarzo expelía humos arsénicos que causaban muertes atroces entre los que lo olían. Los esclavos tenían que trabajar de espaldas o de lado y trabajaban literalmente hasta la muerte, si no eran machacados por las rocas que caían, antes de morir por agotamiento.

  • Recolector de sanguijuelas. Estas simpáticas mascotas se usaban antaño para curar todo tipo de males, desde tumores hasta enfermedades mentales. Había que meterse en lodazales y pantanos infectados e infestados, y una vez fuera, apresurarse a arrancarse los bichos antes de morir desangrado.

  • Verdugo. Era un trabajo muy apreciado, porque te permitía entablar relaciones, aunque breves, con todo tipo de personas. Imprescindible capacidad de mantener la cabeza sobre los hombros.

  • Detonador humano. Imagínate en ropas débiles, totalmente borracho, llevando un envase acampanado de latón, lleno de pólvora, unido a un tablero de madera, mientras te disparan los mosqueteros que intenta envitar que alcances la puerta del castillo del enemigo. Unes la bomba a la puerta, enciendes la y comienzas a correr lejos, muy, muy rápido, aunque probablemente no lo bastante rápido o no lejos de la dirección de las ráfagas.

  • Constructor de faros. Para llegar al puesto de trabajo, necesitarás hacer un viaje peligroso ya que la mayoría de los faros se sitúan en acantilados o en el mar en pequeños islotes de roca escarpada. Si consigues alcanzar el sitio sin lesión, comienzas usando dinamita para nivelar la base. Si llegas a este punto sin ser arrasado, puedes entonces comenzar a construir el faro a partir de bloques preparados del granito que pesan hasta dos toneladas cada uno.