Inicio del recorrido

Una vez tomé la decisión de que quería crear mi propia empresa, tuve que tomar una serie de decisiones importantes, decisiones que medité mucho y que no tomé a la ligera. La primera fue decirlo en mi antiguo trabajo. La ley marca 15 días como el plazo que el trabajador ha de dar a la empresa, pero yo di más de un mes. Es algo que recomendaría a todo el mundo.

El siguiente paso fue participar en el Día del Emprendedor. Mi socio vino expresamente para la ocasión. He de reconocer que no saqué mucho partido de estas jornadas, pero por razones personales: todavía no teníamos claro hacia donde queríamos ir. De todas formas, aprendí mucho e hice una toma de contacto con el mundo empresarial. Incluso hice algún contacto.

A principios de julio dejé definitivamente mi anterior trabajo remunerado y me centré en mi nuevo proyecto. Recuerdo que las primeras semanas fueron frenéticas. Tenía un montón de cosas pendientes por hacer, pero nada relacionado con el proyecto, así que me tuve que poner a ellas. También, entre mi socio y yo, hicimos una serie de pseudo-brainstormings. Me explico: no fueron propiamente brainstormings, pero hablábamos todos los días sobre las nuevas ideas que íbamos teniendo, dándoles nuevos puntos de vista, etc. Recuerdo incluso una noche que me desperté con una idea, me levanté a escribirla y me surgieron dos más. Tiempo más tarde vi que se había puesto en marcha en Nueva York, así que se ve que mi subconsciente no estaba muy desencaminado. Todas estas ideas, las tengo guardadas a buen recaudo, no sea que en un futuro las podamos llevar a cabo.

Otra de las tareas que me asigné fue la de realizar algunas demostraciones. Cuando teníamos ya unas cuantas ideas que veíamos factibles y que con nuestro presupuesto inicial podríamos cubrir, me dediqué a hacer unos programas para poder demostrarlo ante potenciales clientes. No sé si habrá sido una pérdida de tiempo; espero que luego alguna pueda ser útil.

Finalmente, llegó el verano, ese periodo de tiempo en el que toda España entra en un letargo del que cuesta salir en septiembre. Esto significó que el mes de agosto se puede considerar como perdido, pues no avancé en casi nada. De todas formas, he de reconocer que descansé como no lo había hecho en muchos años y que empecé a madurar un par de ideas, una de las cuales se ha acabado convirtiendo en nuestro negocio inicial.

Ahora que han pasado unos cuantos meses, puedo ver cuan perdido que íbamos durante este tiempo, aunque a este tema le dedicaré un artículo independiente.

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